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YS II.9 SVARASAVAHĪ VIDUṢAḤ API TATHA ĀRŪḌHAḤ ABHINIVEŚAḤ

 

Abhiniveśa, moviéndose por su propio poder, afecta de la misma forma incluso al sabio

El que estudiamos hoy es quizá el más fuerte e intenso de los kleśa: abhiniveśa.

Normalmente, abhiniveśa se traduce por miedo a la muerte, o su contrario, apego a la vida; aunque, en sentido amplio, podemos hablar sin más de “miedo”, ya que todo miedo puede reconducirse a ese miedo último.

Como hace en otros muchos casos, Patañjali no define lo que sea abhiniveśa, solo asegura que existe, y que existe de una determinada manera. Pero si partimos de la traducción que hemos dado del término (que hay que decir que es una traducción “convencional” o para entendernos, y no literal de las raíces sánscritas que lo componen), al hablar de “miedo a la muerte” o “apego a la vida” podemos deducir un mecanismo de producción similar al de raga y dvesa, la atracción y la aversión, los dos kleśa que comentábamos en el post anterior, es decir, un mecanismo de producción basado en la memoria.

Y puesto que sólo puede recordarse lo que antes se ha experimentado, muchos autores basan en este sūtra la teoría de la reencarnación, señalando que, puesto que un niño no puede tener la lógica de inferir el dolor de la muerte, y sin embargo ya demuestra tener miedo a esta (o bien instinto de conservación -mostrando miedo en determinadas situaciones de riesgo-), abhiniveśa no puede provenir más que de la experiencia de muertes pasadas, a través de la formación del correspondiente samskara, y el despertar de la memoria inconsciente en determinadas circunstancias.

Siguiendo este argumento, razonan acerca de porqué Patañjali no ha incluido este caso dentro de los anteriormente estudiados, de raga y dvesa, que responden al mismo mecanismo, diciendo que es porque en este caso se trata de samskaras formados en vidas pasadas y no en la vida presente. Sin embargo, como comentábamos en el post anterior, muchas aversiones no responden a experiencias propias, sino que derivan de la cultura, la educación, desde siglos antes que nosotros, de guerras, de conflictos políticos, de problemas entre familias…, en definitiva de cuestiones heredadas, con lo que la diferencia no sería tan clara.

La diferencia derivaría más bien de las características conforme a las que nos la describe Patañjali, y que lo configuran como un kleśa muy potente, que a veces se pasa muy rápido en el estudio del conjunto. Yo creo que merece que nos detengamos un momento para tratar de entenderlo. Y vamos a verlo inicialmente como referido al miedo en general.

Y es que lo que nos presenta Patañjali tiene dimensiones muy interesantes.

sva-rasa-vahī,
  • Primero nos dice que el miedo existe, está sostenido, por su propia naturaleza: sva-rasa-vahī, significa que tiene su propio poder inherente y fluye por su propia naturaleza.

De ahí que no siempre nos sea posible controlar el miedo, porque éste tiene su propio poder y porque la naturaleza del miedo es fluir, es brotar -con frecuencia, inesperadamente-, no es algo que puedas suprimir y detener.

Y ello hace que podamos considerarlo como uno de los kleśa más poderosos;  porque con frecuencia nos hace tomar decisiones erróneas o nos impide tomar, no nos deja tomar, las decisiones adecuadas; y tanto una como la otra situación son peligrosas, nos acaban llevando al sufrimiento: tanto si tomamos la decisión errónea, como si no tomamos la correcta, ello sólo puede llevarnos al sufrimiento, nunca al placer o a la felicidad.

Dice Vyasa que el miedo procede de una acumulación de miedos de vidas pasadas, o de pasadas generaciones, de cosas que ya hemos experimentado o que experimentaron nuestros ancestros, y que quedaron impresas y se transmiten como samskaras o vāsanās. A ello se referiría también la palabra “svarasavahī”, al tratar de su poder inherente, a algo profundamente enraizado en los samskaras y vāsanās.

Muchos de nosotros, ni siquiera somos conscientes de que el miedo nos controla; os decía otro día que, si examinas a fondo la raíz, la causa de muchas -o todas- tus emociones, tus reacciones ante algo que te ocurre…, al final, siempre encuentras un miedo. Y el miedo, nos dice, trabaja por su propio poder, y si no eres consciente de que te domina, todavía puedes hacer menos por evitarlo.

Por otro lado, no todos tenemos los mismos miedos. Hay quien puede tener miedo a los reptiles, otros lo tienen a los perros, otros incluso a los seres humanos. Todos tenemos nuestras fobias o miedos, pero cada individuo tiene los suyos propios; por ejemplo, hablar en público puede asustar a unos y no a otros, o volar en avión… Y ello proviene de experiencias previas, quizá de cuando éramos niños, o bien lo heredamos de nuestros padres, o nos educaron en esos miedos…

También nos dice Patañjali que su naturaleza es fluir; y es tan así que a veces aparece incluso cuando estamos dormidos, en sueño profundo y sin sueños (lo que no ocurre con los otros kleśa, que no pueden predicarse de ese estado). En cambio, el miedo sigue activo, no puedes apagarlo; y a lo mejor el corazón empieza bruscamente a latir más fuerte, hasta que te despierta!

viduso´pi
  • Lo segundo que nos dice es que el miedo es universal, para todos, incluidos los eruditos, los sabios: viduso´pi, existe igualmente en los que tienen vidya, el conocimiento.

Señalan los autores que tanto en el sabio como en el menos inteligente existen huellas latentes (vāsanās) de experiencias pasadas sobre agonías dolorosas, por lo que el miedo -y especialmente el miedo a la muerte- no desaparece ni siquiera en los eruditos que han vislumbrado intelectualmente la verdad, ni en los sabios y ascetas que todavía no han llegado a la última etapa, a la de desaparición de samskaras y vāsanās que exige la “disolución” de la mente.

Decía Sri Yukteswar que les pasa a estos eruditos como a los pájaros, que tras haber estado mucho tiempo enjaulados se les ofrece la libertad: tienen miedo de ella y se resisten a salir de la jaula.

Destaca el acharya Shankara en su comentario el empleo de la palabra “incluso” -tatha-, señalando que quiere decir que el miedo a la muerte es lógico solo en el ignorante, que piensa que el “yo” es destructible; e ilógico en aquellos de visión correcta, que piensan que el “yo”, en cuanto verdadero ser, es indestructible.

Pero es que, como decíamos antes, los miedos no son todos iguales. Por ejemplo, cuentan que Krishnamacharya, en sus últimos años, temía no tener tiempo de transmitir todo su conocimiento a quien pudiera continuar impartiendo sus enseñanzas, y llamaba continuamente a su presencia a su hijo T.K.V. Desikachar para darle una clase tras otra…

 

Quiero analizaros ahora la propia palabra abhiniveśa, porque tenemos, dependiendo de la raíz de que se haga derivar, dos significados fascinantes empleados por los autores:

  1. Descompuesto en abhi + ni + vesha (de la raíz vish que significa tenacidad, determinación, adherencia a…) denotaría una idea de estar poseído, como por una obsesión o compulsión.
  2. Con esa misma composición explica Kausthub Desikachar que vesasignificaría un disfraz que vestimos; “ni” querría decir que lo vestimos continuamente -no como el payaso o el actor que se lo quitan una vez acabada la función; y “abhi” aquí significaría íntimo. Por tanto, “abhiniveśa” sería un disfraz íntimo que nunca nos quitamos; nos quitamos otros, alternamos entre los disfraces derivados de asmitā, pero no éste.

Las dos versiones dan idea de la profundidad de este kleśa, de su adherencia, de la dificultad de nuestra lucha contra él.

De forma que el miedo es una profunda estructura que arrastramos, y la psicología moderna lo considera la causa raíz de la mayoría de nuestros problemas emocionales y psicológicos.

 

Lo cierto es que Patañjali nos dice también porqué tenemos miedo, y ese porqué es algo todavía más profundo. No nos lo explica aquí, sino que lo hace en el IV Pāda, en el sūtra IV.10, donde nos dice “tāsām anāditvam ca āśiṣaḥ nityatvāt”, “el deseo de vivir es eterno – nityatvāt-“.

El miedo es debido al deseo íntimo de todos los seres, que es el de la existencia, el de ser permanentes. En origen, ese miedo es como un “regalo” que nos es dado para ayudarnos a la supervivencia, para reaccionar adecuadamente ante las situaciones de peligro. Lo que ocurre es que en lugar de usarlo cuando es preciso, lo usamos continuamente, convirtiendo cada instante en un momento de supervivencia. Y se ha convertido en un fenómeno existencial, que por otro lado se manifiesta como apego al cuerpo, y con ello a las posesiones materiales que constituyen su hábitat, de forma que del miedo derivan egoísmo, avaricia, posesividad, ambición, necesidad de atesorar cosas…

En cierto modo podría decirse que el miedo es lo que crea asmitā, lo que crea dvesa, lo que crea raga…; que los kleśa vienen del miedo y/o de la ignorancia; como veíamos el otro día, avidyā es confundir lo permanente con lo impermanente; y el miedo decimos que proviene del innato deseo de ser eternos. No es extraño que Patañjali nos los coloque como los dos extremos, como las fronteras entre las que los demás kleśa se desarrollan.

Para acabar, deciros que tenemos la suerte de que el yoga nos proporciona dos poderosos antídotos contra el miedo:

Uno es Śraddhā, un importante concepto que Patañjali presenta en el I Pāda y que se traduce por fe, o confianza, y que según Vyasa “nos sostiene como una madre benevolente”.

Y el otro, lo hemos visto ya, como uno de los componentes del Kriya Yoga, es Īśvara Praṇidhāna, la entrega a algo superior, el hacer todo lo mejor posible y confiar los resultados a quien verdaderamente los rige.

Porque, si te sostiene esa confianza y confías los resultados a lo Supremo, ¿de qué vas a tener miedo?

Publicado por Fátima Longo

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