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Maha Ma yoga tradicional en Barcelona

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YS II.7 SUKHA ANUŚAYĪ RĀGAḤ YS II.8 DUḤKHA ANUŚAYĪ DVEṢAḤ

 

Raga, el deseo, es resultado de [experiencias de] placer.

Dvesa, el rechazo o la aversión, es resultado de [experiencias de] dolor.

 

Atracción -deseo- y repulsión -rechazo- caracterizan las formas generales en que el hombre se relaciona con su entorno. Habiéndonos identificado -según hemos estudiado en el sūtra anterior- con un concreto organismo y estructura psico-mental, reaccionamos a nuestro entorno de dos formas principales; aunque el grado varía, nos sentimos o bien atraídos hacia algo o alguien, o bien repelemos otro algo o alguien, dependiendo de la naturaleza y cualidad de las experiencias que tenemos con ellos.

RĀGA se traduce muchas veces como “deseo”. Se dice que es un sentimiento que generamos en nosotros mismos, de querer continuar una experiencia de placer que tenemos.

SUKHAM es aquello que nos permite una apertura de corazón, que nos hace sentir alegres. Por ejemplo, si vas al cine y la película te gusta; o a un restaurante, y te gusta lo que comes… o a un seminario y te gustan las enseñanzas… todo ello es sukham, te deja con un sentimiento placentero, te permite sentirte expansivo…

Lo que ocurre es que esa experiencia crea la expectativa de que la próxima experiencia del mismo tipo será igual o mejor. Cuando vuelves a ir al mismo restaurante, tienes esa memoria de que la última vez estuvo muy bien, y esperas que sea igual. Ese sentimiento que llevamos ahora es “rāga”. Y lo mismo ocurre con la película, el actor que nos gustó, o el profesor que impartió el seminario… Y eso nos pasa con todo; porque la memoria no desaparece, como dice el sūtra I. 11 que la describe como Vŗtti, es “asampramoṣaḥ”, que no pasa, no se destruye, siempre queda.

Es importante tener en cuenta este mecanismo en tres fases:

  • La experiencia placentera
  • La formación de una impronta -samskara- en el subconsciente, que crea la memoria.
  • La experiencia es recordada y genera el deseo de repetir; si se repite, y se repite, como nunca es igual -y no puede ser igual porque depende del estado, del juego de nuestros sentidos-, provoca frustración y arrastra, según de qué se trate el objeto, a aumentar dosis, incrementar el riesgo, etc…, llevando a las adiciones. Y si, por cualquier razón, la repetición no es posible, también sufrimos. El sufrimiento aparece en ambos casos.

El problema está, por tanto, en el segundo paso: si no fuera por esa impronta que crea la experiencia y que nos hace recordar y desear, no se daría la tercera fase. Y caso de repetirse la experiencia, la disfrutaríamos con la misma inocente frescura de la primera vez, sin compararla. El apego “doloroso” se produce en ese segundo paso, cuando el deseo de repetición nos domina, se apodera de nosotros hasta el punto de llevarnos a una adición o hacernos sufrir si no lo satisfacemos. Hasta el punto de llevarnos a un comportamiento “robótico”, no fresco y natural.

Y cuando funcionamos así, no estamos en el presente, sino que funcionamos desde el pasado, desde la memoria. Vamos, lo contrario al yoga. Y si no estamos en el momento presente, desconectamos de la realidad, y por tanto no apreciamos realmente lo que tenemos “ahora”.

Por ejemplo: nos tomamos un café… o una mandarina; y nos sabe tan bueno que decimos, voy a tomar otro/a; pero el segundo ya no sabe tan bueno, y te desilusiona… mientras que si ese otro café, o mandarina, lo hubieras tomado aisladamente, sin la expectativa y la inmediata comparativa, seguramente sí que lo habrías disfrutado. Porque entonces habría sido el presente, la realidad.

De forma que rāga crea el sufrimiento alejándonos del momento presente, dejando que intervenga el pasado, la memoria, y llevándonos a esperar una experiencia igual a la anterior; pero las expectativas no siempre se cumplen.

Hay que decir que el de rāga no es un tema de moralidad. El deseo no tiene nada de malo, está presente, imbuido en todo el universo, es una de las emociones básicas y es motor de nuestra actuación. En este sentido decía Krishnamacharya que rāga es un sentimiento que nace de “rajas” el guna de la actividad. Y que no significa que no debamos tener deseos o expectativas, pero sí saber distinguir entre dos modalidades:

  • Una sería rāga, que decía proviene del objeto; en el sentido de que el objeto -y recordar que en yoga por “objeto” entendemos tanto cosas, como personas, situaciones, ideas, etc…-, el objeto genera en ti el deseo: el café, la película, la persona…, y ese objeto adquiere dominancia y empieza a ejercer un control sobre ti, de forma que desaparece tu propio poder.
  • Y la otra sería “itcha”, que es el deseo que nace del ātma, que está gobernado por el purusa. Por ejemplo, si mi deseo es viajar, lo único que necesito es un medio de transporte. Pero en rāga “deseo” un coche cómodo, rápido, de tal marca, mejor que el del vecino, etc…; de forma que el “deseo” de viajar queda en muy segundo término.

De ahí que rāga se haga un kleśa, algo que trae sufrimiento; porque todas esas expectativas que pones en el deseo nunca se van a cumplir, o no lo harán cada vez que quieras repetir la experiencia, y cada vez quieres más…

Dice la Bhagavad Gita que es como un fuego, que cuanto más se alimenta, más pide: y el coche necesitará accesorios, y cosas para mantenerlo, y un garaje para guardarlo…

Incluso, cuando el deseo profundiza hasta convertirse en avaricia, puede llegar a perderse el sentido de lo que está bien y mal, y puede entonces sí llegar a ser un tema de moralidad.

 

DVESA , el kleśa hermano, es lo exactamente opuesto, la otra cara de la misma moneda. Es la aversión, que Patañjali nos pone en relación con

DUḤKHA, la experiencia dolorosa, lo que no te es agradable, que te constriñe.

Así que si vas al cine, o a un restaurante o conoces a alguien, y la experiencia no es agradable, no es buena, es constrictiva o incluso dolorosa; el problema es, como antes, que esa experiencia se graba en la memoria, y la proyectamos a futuro, creyendo que de repetirse la situación volveremos a sufrir, y entonces evitamos, rechazamos, situaciones y personas.

Y hay muchas aversiones que vienen no de experiencias propias sino de la cultura, la educación, desde siglos antes que nosotros, de guerras, de conflictos políticos, de problemas entre familias…

Dvesa es un sentimiento que viene de tamas, el guna de la inercia, que es pesado, oscuro, pegajoso…por eso recordamos más las experiencias negativas que las positivas. Y por eso es más peligroso que rāga, es más denso y nos domina con más facilidad, y nos es más difícil darnos cuenta de que nos domina.

Patañjali con este sūtra en cierto modo quiere decirnos, lleva cuidado, porque no siempre que tengas una mala experiencia significa que eso es malo y que por ahí no puedes repetir. Porque nada es lineal, todo cambia (lo muestra hasta un ECG, en que lo normal es que aparezca una línea ondulada; cuando aparezca plana es que estás muerto.) Y lo mismo ocurre con la vida.

Nos movemos entre humanos, y los humanos tendemos a cometer errores. Si cada vez que nos encontramos con uno tendemos a evitar a ese ser humano, eventualmente estaremos solos. Y lo mismo ocurrirá con los objetos, considerados en el sentido amplio que antes hemos visto.

A lo que tenemos que atender es a la intención.

Dvesa, al igual que rāga son claras formas de ignorancia -avidyā- en su forma de asmitā (recordar cómo decíamos en el sūtra anterior que se trata en realidad de lo mismo, con diferencias de grado), ya que el purusa no tiene ninguna conexión con los samskaras, ya que es consciencia pura, sin memoria. Por ello, ligar el placer o el dolor con la consciencia pura es total ignorancia; es preciso negar la propia naturaleza como consciencia e insistir en la identificación con los instrumentos de cognición para poder decir “me gusta”, “quiero”, “necesito” o bien “no aguanto”, “odio”, etc…

 Publicado por Fátima Longo

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