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Maha Ma yoga tradicional en Barcelona

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YS II.6 DŖK DARŚANA ŚAKTYOḤ EKĀTMATĀ IVA ASMITĀ

Este sūtra nos presenta asmitā, el segundo kleśa, con las siguientes palabras:

DŖK: significa el poder -subjetivo- de ver, de visión, la causa del ver; suele traducirse como “el que ve”, el “observador” o el “testigo”; con ello se hace referencia a la consciencia, al puruṣa (al que el sūtra I.3 se refiere como “draṣṭuḥ”, de la misma raíz verbal).

DARŚANA ŚAKTYOH: significa el poder -instrumental-, la habilidad, de ver. Es el instrumento que nos ayuda a ver, a observar (como las gafas que nos ayudan a ver; no son las gafas las que ven. En el mismo sentido, los ojos serían sólo las gafas de nuestro sistema). La referencia en este caso es a la función o aspecto intelectivo de citta, a buddhi, como instrumento de la consciencia.

EKĀTMATĀ IVA: como si tuvieran la misma naturaleza.

De forma que el sūtra suele traducirse:

Asmitā (el egotísmo o sentido del yo) consiste en identificar al que ve con la capacidad instrumental de ver.

Aunque el sūtra y la traducción propuesta hablan de la vista o “el que ve”, es más apropiado hablar de “el que percibe”, porque en realidad se refiere a todas las percepciones, al oído, el olfato, el tacto… de las que los sentidos son meros instrumentos (lo mismo hay que decir de las percepciones internas, como un dolor, o cuando tomas algo picante….). Desde los sentidos, internos y externos, es a través de la mente -manas- y sobre todo el intelecto -buddhi- donde la información se reúne, procesa y modifica -debido a los samskaras; con lo que realmente se distorsiona la realidad inicialmente recogida– y se presenta al puruṣa para que la vea. Es decir, sin buddhi como intrumento, puruṣa no podría tener consciencia -no podría conocer- de prakŗtti. Pero buddhi no puede percibir por sí mismo, porque no tiene, no es, consciencia. Únicamente refleja la luz de la consciencia, del puruṣa, igual que la luna refleja la luz del sol.

Es decir, este sūtra nos está definiendo asmitā como la identificación, la atribución de la misma naturaleza al que ve, a el que percibe, y al poder instrumental de ver, es decir, a la consciencia por un lado, y al intelecto -o buddhi- por el otro, atribuyendo consciencia al intelecto, confundiendo, en definitiva, puruṣa y prakŗti, el Ser o el espíritu, y la materia, según la tradicional distinción que hacen el yoga y la filosofía Samkya.

Diciendo que se trata de una confusión entre puruṣa y prakŗtti parece que estamos volviendo a la definición que dimos de avidyā en su sentido más filosófico en el sūtra anterior. Y es que en realidad estos dos kleśa son, hasta cierto punto, una misma cosa, pero con una diferencia de grado: avidyā, la ignorancia, es menos definida, más genérica, mientras que asmitā o el ego implica una identificación más desarrollada o completa entre puruṣa y, con carácter más específico, la buddhi.

Así, siguiendo a Vyasa podemos decir que “Ego es el aspecto específico de la ignorancia que identifica lo que no es el Ser, específicamente el intelecto -buddhi- con el Ser real, el puruṣa o atman”.

Nos centramos, por tanto, en esos dos elementos: Puruṣa y Buddhi (el intelecto, parte de nuestro órgano psíquico), parte de prakŗtti y, por tanto, completamente independiente, separado y distinto a puruṣa. En la evolución de prakŗtti, buddhi es el primer evoluto, y por tanto es la primera “capa” de prakŗtti, la más cercana a puruṣa.

Y debido a que están siempre interactuando (y a que nacemos con aquella ignorancia que veíamos en el Sutra anterior), se produce cierta confusión entre estos dos principios, que lleva a que se considere que “el observador” o el que percibe, es buddhi, quien realmente no lo es: confundimos el que ve con el instrumento que utiliza para ver.

Asmitā es, por tanto, un estado de confusión. Lo explicaba Krisnhamacharya con la siguiente analogía: si hierves agua, el agua toma la cualidad del fuego, y si te pones agua hirviendo sobre la piel te quema como si fuera fuego; pero el agua no es fuego, ni el fuego es agua: ésta toma la cualidad del fuego sin serlo, y cocina como lo hace el fuego. El agua fría solo moja, hay que hacerla hervir para que cueza y eso lo hace posible el fuego.

Lo mismo ocurre con el que percibe y el instrumento de percepción: que éste toma la cualidad de aquél. Y ello hace que, en tanto que el real “jefe” no es conocido, el “sirviente” actúa como si fuera el jefe, con el riesgo de tomar decisiones equivocadas. Por eso esta confusión, asmitā, es un kleśa, una causa de aflicción.

Y, como los demás kleśa, se trata de una actitud mental innata, que traemos de serie, como traemos la ignorancia de la que deriva. Y ello tiene su razón de ser, porque mientras estamos en avidyā, mientras aún no hemos alcanzado la auto-realización, no conocemos, no sabemos quiénes somos; pero de alguna forma tenemos que funcionar un día y otro día, como “alguien”, a quien dotamos de una identidad que reforzamos cada día, tanto desde fuera -a través de las opiniones de los demás, de quien nos “conoce” y nos dice “tú eres esto y lo otro”-como desde nosotros mismos, y nos dotamos de un nombre al que responder, de una nacionalidad, un género, una profesión… nos dotamos de identidades y empezamos a cuidarlas, y a funcionar a través de ellas “como si” fuéramos nosotros mismos, convirtiéndolas en la realidad, asumiendo que eso es real…Y así creamos un estado de existencia en el que operamos, y ese estado se hace nuestro “amigo”, ya que lo llevamos con nosotros por tanto tiempo… que pensamos que “somos” nosotros.

El problema es que asmitā y la confusión que representa implica también que no nos damos cuenta de que estamos confundidos, no nos damos cuenta de que todo eso (nombre, apellidos, nacionalidad, profesión, posesiones, relaciones…) son sólo identificaciones, sólo prakŗtti.

Y lo mismo ocurre en el ámbito del yoga; la gente dice “yo soy astanga yogui”, o “sivananda yogui”, o “hot yogui”, etc… en lugar de preocuparse por lo que el YOGA hace por ellos, pretenden establecer una nueva identidad. Incluso la simple identidad de que eres un “yogui”… Porque antes que nada, somos humanos… pero incluso eso es una identidad!

Así que se trata de una confusión; y cuando hay un estado de confusión, no podemos tener claridad. Y como no sabemos que estamos confundidos, no nos damos cuenta de que no tenemos claridad, y creemos que sí la tenemos… Y ese es nuestro estado existencial.

Y con frecuencia “vestimos” a la vez varios de esos uniformes, y eso nos aprisiona. Por eso nos sofocamos cuando operamos desde asmitā. Porque entonces nos relacionamos de prakŗtti a prakŗtti, y no de corazón a corazón, desde las luces de nuestros corazones. Por eso hablamos de “liberación” cuando se alcanza la auto-realización, porque es como desnudarse, librarse de aquello que te aprieta, que te encorseta, liberar esa luz del corazón.

En este sentido señala VYASA: “Puruṣa es consciencia pura; Buddhi -el intelecto o la inteligencia- es el instrumento de percepción. Tomar estas dos entidades, completamente separadas y diferentes, por solo una y la misma cosa, es asmitā. Cuando la verdadera naturaleza de estas dos entidades separadas se reconoce, eso es la liberación”.

 

¿Qué es, entonces, lo que podemos hacer?. Pues tenemos que intentar no desarrollar apego a estas identificaciones, que no son reales (recordemos que para el yoga sólo es “real” -sat- aquello que no cambia). Porque si nos apegamos sólo conseguiremos sufrir cuando el cambio se produzca y el cuerpo empiece a tener problemas, no responda igual, cambie, envejezca… Y lo mismo en otros ámbitos, ser consciente que es imposible decir “siempre seré feliz”, “siempre te amaré”, “siempre tendré este trabajo”… porque si nos aferramos a esas ideas, ello indefectiblemente nos llevará al sufrimiento.

“El ego -nos dice algún autor-, eventualmente, nos quita la felicidad”. Si quieres ser feliz, tienes que deshacerte de asmitā.

Decía Desikachar que no puedes “aprender” a ser una persona iluminada, tienes que “desaprender” para poder llegar a serlo, porque tienes que soltar todas esas identidades ilusorias que te has creado. Tenemos que reducir los patrones en que nos movemos.

 

Sufrimos porque asumimos que lo que no es real -lo cambiante- es real.

Entender este sūtra es de gran importancia, pues nos anticipa lo que Patañjali dice en el II.17: “La causa del sufrimiento es la falsa unión del que ve con lo visto”.

 

Publicado por Fátima Longo

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