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YS II.5 ANITYA AŚUCI DUḤKA ANĀTMASU NITYA ŚUCI SUKHA ĀTMA KHYĀTIḤ AVIDYĀ

Confundir lo transitorio con lo permanente, lo impuro con lo puro, el dolor con el placer y lo que no es el ātman -el sí mismo- con el ātman – el sí mismo-, todo ello constituye avidyā, la ignorancia espiritual.

En este Sūtra empieza Patañjali con la definición/descripción de cada uno de los kleśa, empezando por avidyā, el kleśa raíz. Y aunque rápidamente resulta obvio que el término no se usa aquí en su sentido ordinario de ignorancia o falta de conocimiento sino en su más alto sentido filosófico, vamos a permitirnos analizarlo desde lo más simple, lo más cotidiano, porque podemos hallar en él muchos niveles, que vemos continuamente, en cada aspecto de nuestras vidas, y que pueden hacernos reflexionar en la naturaleza muchas veces ilusoria de nuestras percepciones.

AVIDYĀ: literalmente, el término deriva de la unión de A (partícula negativa) y VIDYA (sabiduría), por tanto es el negativo del conocimiento, la falta de conocimiento, y es un término muy fuerte, muy inclusivo. Decía KRISHNAMACHARYA que incluye

.            el saber poco de algo (con el peligro de creerte que sabes más),

.            confundir una cosa con otra, o conocer algo como algo diferente (como en el caso de tomar la soga por la serpiente, o pensar que el azúcar es bueno porque está dulce…),

.            la ignorancia o falta total de conocimiento (por ej., sobre un idioma),

.            pero también el conocimiento incorrecto, porque oímos o vemos algo incorrectamente, y lo erróneo se establece como cierto…

Patañjali aquí parece decantarse por la segunda acepción, al punto que, en base a este Sūtra, y dicho de forma muy simple, avidyā sería la confusión de una cosa con otra, podríamos decir, confundir la copia falsa con el original. Y nos presenta cuatro atributos, junto a sus opuestos, para decirnos que confundir unos como si fueran los otros, eso es avidyā.

1.- Anitya / Nitya: Anitya significa algo que no es permanente; nitya es algo que es permanente. Cuando confundes y crees que algo que no es permanente lo es, o algo que es permanente no lo es, eso es avidyā. Y lo vemos cada día. Por ejemplo, respecto a nuestras relaciones, nuestros padres, hijos, pareja…pensamos que van a estar siempre ahí, que nuestra romántica pasión durará siempre, o que el amor de otra persona nos va a dar siempre seguridad…; y ocurre lo mismo con las cosas, nuestra casa, el coche, el ordenador… o la creencia de que los recursos combustibles van a durar para siempre. Por el contrario, podemos pensar que el sol no es permanente, solo porque no lo vemos los días nublados…

2.- Aśuci / Śuci: Aśuci significa impuro, que no está limpio; Śuci es lo puro, lo que está limpio. Un ejemplo simple es el del agua y la confusión acerca de la pureza del agua embotellada. O la confusión acerca de la pureza o no de las actitudes o las enseñanzas de alguien: en la India se consideran puras las tradiciones que derivan de los Veda (porque los Veda provienen directamente de lo Absoluto), y no así las tradiciones tántricas, que se dice provienen del ego. En este sentido, no sería limpio o puro todo aquello que provenga del interés propio, y confundirnos sobre ello es avidyā. Y es muy difícil hoy en día discriminar lo que proviene de una intención pura y lo que no, y es muy frecuente malinterpretar y confundir, tanto en un sentido como en otro.

Otro significado de estos términos es el de con o sin “impresiones” (como la comparación entre un plato limpio y otro que ha tenido previamente comida, aunque ahora esté vacío, quedan rastros). De forma que se consideran “aśuci” incluso las intenciones buenas o positivas, cuando derivan de una impresión, o una tendencia o predisposición. Y la confusión acerca de cuándo algo obedece o no a una tendencia es también avidyā (porque esa tendencia lleva a rāga / dveṣa). Lo mismo que es avidyā considerar que es puro el buen juicio sobre alguien o algo, pues el buen o mal juicio sobre algo es en ambos casos impuro, porque es juicio.

3.- Duḥka / Sukha: la forma más común de avidyā es la de confundir placer con dolor y dolor con placer. Un ejemplo clásico sería el azúcar, que nos da un gran placer por su agradable sabor dulce, pero en realidad nos trae dolor, ya que es una de las mayores adiciones de nuestra era, llevando a diabetes, obesidad, desordenes metabólicos, problemas cardiacos…; y al contrario ocurre con alimentos amargos, o con medicamentos, a menudo de sabor desagradable pero curativos. Y lo mismo pasa con las personas, amistades, relaciones… La confusión en estos aspectos es también avidyā.

Esta manifestación de avidyā es uno de los mayores problemas, porque hoy en día nos movemos en todo en busca del placer, y lo queremos ya, rápidamente, tanto conseguir el placer como reducir el dolor. La confusión puede hacer que nos demos el gran batacazo.

4.- Anātma / Ātma: Anātma es aquello que no tiene consciencia; Ātma es la consciencia. De acuerdo con la filosofía Samkhya, lo primero es Prakŗtti, lo segundo es Puruṣa. Nuestro cuerpo, nuestra mente, no tienen consciencia, son inconscientes; lo que nos trae consciencia es el puruṣa. Pero somos materialistas, y confundimos, y creemos que el cuerpo y la mente son conscientes. Y si confundimos y creemos consciente aquello que no lo es, le estamos dando al cuerpo y a la mente un poder que no les corresponde, incluso tratando de comprender la consciencia con o a través de la mente, lo que es imposible; la consciencia no es parte de nuestra mente o de nuestra estructura cuerpo-mente, sino que es algo completamente diferente y separado.

 

Estos son los 4 casos de confusión que Patānjali nos presenta. Y es importante entender lo que nos dice: avidyā no es estar en un estado de duḥka, no es no saber que algo es impermanente… avidyā es el estado de confusión entre uno y otro elemento de la contraposición. Porque en ese estado de confusión lo que ocurre es que no sabemos que estamos confundidos. Si estás en duḥka y sabes que estás en duḥka, ahí no hay error, no hay problema. Si estás sufriendo o ante un problema y sabes que lo estás, ahí no hay avidyā. Pero si estás en duḥka y crees que estás en sukha, no importa lo que el mundo te diga en contra, entonces sí tienes un problema.

El peligro de avidyā es que no sabes que estás en esa ignorancia; y esa falsa realidad en la que vives es el origen de los demás kleśa.

Y hay que tener mucho cuidado porque avidyā es un kleśa silencioso, escondido: no puedes darte cuenta de que estás en ese estado hasta que sales de él y miras atrás, cuando alguien te abre los ojos -y eso si aceptamos que nos los abra, y no le contradecimos y seguimos en la nuestra!-

De avidyā no se predican los estados de los kleśā que veíamos en el Sutra anterior: está siempre como escondida, y son sus derivados los que se van manifestando.

 

Volviendo ahora al sentido más altamente filosófico del término, digamos que para las escuelas Samkhya y Yoga los 4 parámetros enfrentados en este Sūtra son, los primeros -anitya, aśuci, duḥka, anātma- predicados de Prakŗtti, y los segundos -nitya, śuci, sukha, ātma- lo son de Puruṣa; de forma que la avidyā de que nos habla Patañjali es la de la confusión entre Puruṣa y Prakŗtti, por la que atribuimos al cuerpo, o al complejo cuerpo-mente, las cualidades del Puruṣa, del espíritu, el alma o la consciencia.

Efectivamente, de acuerdo con estas filosofías, el cuerpo y la mente, los sentidos, y los pensamientos y las emociones… son Prakŗtti, materia, que es impermanente, continuamente cambiante; no es limpia, no es pura -pensemos en las indudables impurezas del cuerpo; e incluso en la existencia de impresiones mentales o samskaras, de patrones de comportamiento-; está marcada por el movimiento de constricción, lo que implica dolor -pensemos en las abundantes limitaciones, fronteras, ubicación limitada en lugar y en tiempo (la única expansión del cuerpo es la de ponerse gordo!)-; y no puede ser consciente, no tiene consciencia.

Todo lo contrario es Puruṣa: eterno, sin principio ni fin; puro y limpio -en puruṣa no hay impresiones, no tiene memoria-; regido por la expansión, no sujeto a limitaciones, pura dicha; y consciencia pura.

Llama la atención que Patañjali alude aquí a la visión Upanisádica de que el sí mismo (y usa el término Upanisádico de “ātman” en lugar de otro como puruṣa), es sukha, dicha, y ello aunque en general en yoga se entiende que el sí mismo es pura consciencia, sin atributo alguno, incluido la dicha. Según dice VYASA, de esa dicha se habla sólo como resultado de la liberación (pero entonces cabe preguntarse, ¿quién la experimenta?).

Así que, según este Sūtra, la verdadera avidyā, la avidyā suprema, es la confusión entre Puruṣa y Prakŗtti, y, concretamente, la creencia de que los atributos de Puruṣa corresponden a Prakŗtti. Como señala algún autor, es la confusión de creer que la psique -anātma- es la consciencia -ātma-.

La ignorancia es la confusión entre el puruṣa y el flujo de la vida psicomental.Mircea Eliade.

Publicado por Fátima Longo

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