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Maha Ma yoga tradicional en Barcelona

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YS II.12 KLEŚAMŪLAḤ KARMĀŚAYAḤ DŖṢṬA ADŖṢṬA JANMA VEDANĪYAḤ

En este sūtra Patañjali nos presenta como una advertencia.

¿Porqué tenemos que trabajar los kleśa? ¿Qué ocurre si no lo hacemos?.

En los sutras anteriores hemos visto un poco cómo es la secuencia lógica de cualquier acción en nuestra vida. Esta secuencia es:

Jñana (conocimiento)— Iccha (deseo)—Kriya (acción)—Phala (resultado)—Asaya (depósito).

Es decir, lo primero es un conocimiento de algo; por ejemplo, que abre un restaurante nuevo o que se estrena una película. Este conocimiento crea un deseo: quiero ir a probarlo, a verla…; lo que conduce a una acción. Esa acción crea una consecuencia (a la que llamamos phala o vipaka; karma propiamente es la acción, no el resultado), según sea la experiencia, me gusta o no me gusta.

Esto crea un sentimiento que perdura, que “se deposita” (āsaya), e influencia nuestra nueva o próxima acción, retroalimentando aquél conocimiento inicial, ya sea en positivo o en negativo: repetiré, lo aconsejaré…, o no volveré jamás.

Si, en lugar de desde el conocimiento -que siempre supone claridad-, la cadena de la acción surge de la base de los kleśa que, recordemos, es avidyā, la falta de conocimiento, el conocimiento incorrecto, la ignorancia -o cualquier kleśa derivado-; o, como nos dice Vyasa, de kāma, lobha, matsarya, moha y krodha, aquellas emociones básicas subconscientes de que hablábamos en el sūtra anterior como kleśa-vŗtti-s, entonces la consecuencia es la acumulación de karma- karmāśyo-, ya sea que veamos inmediatamente sus consecuencias -dŗṣṭa- como que no las veamos -adŗṣṭa-, porque se pueden manifestar mucho después.

Cuando ves la consecuencia inmediata (por ejemplo, te enfadas e insultas a alguien en una discusión de tráfico, y este alguien te responde y, a lo mejor, te ralla tu coche), no pasa nada; en el sentido de que te das cuenta tanto de tu actuación basada en los kleśa, como del origen de la reacción del otro, ves la relación de causalidad.

En cambio, supón que la consecuencia no es tan inmediata. Imagina, por ejemplo, que el otro conductor en lugar de bajar del coche e increparte, anota tu matrícula y deja pasar el tiempo, y luego contrata a alguien que te localiza y te destroza el coche cuando tú incluso habías olvidado aquél incidente. Entonces no puedes ver la conexión.

Pero nada queda sin resolver: lo que no tenga consecuencias inmediatas las tendrá más tarde, de una manera u otra.

De ahí el sentido de advertencia que antes os señalaba de este Sutra. Con él Patañjali en realidad nos está diciendo, trata de actuar lo menos que puedas desde los kleśa, porque si lo haces desde ellos, las consecuencias te alcanzarán un día u otro. Y por ello nos ha dicho antes también que cada vez que seamos conscientes de que estamos actuando bajo el influjo de un kleśa, o de un kleśa-vŗtti, tenemos que hacer una elección consciente para romper esa tendencia.

Señalan los autores clásicos que la rapidez con que aparecen las consecuencias del karma depende de la intensidad de la acción que lo produce, de forma que, tratándose de obras de virtud, se pueden hacer fructificar rápidamente si se realizan con intensidad de mente y esfuerzo, con concentración en mantras y desde Isvara pranidhana y no desde el ego. Mientras que, tratándose de obras de vicio, fructificarán rápidamente si se ejecutan con repetida malevolencia y se dirigen contra los desamparados, los confiados o los nobles.

Pero, trayendo esto a nuestro ámbito vital, pensemos que todos aquellos actos llevados a cabo con solo moderada intensidad (es decir, sin gran maldad o virtud) no producirán frutos inmediatos sino que se acumularán en el “almacén” o depósito del karma (“karmāsayo” como término técnico que se refiere a la carga kármica del individuo) y, como nos dice este Sutra, producirá eventualmente su resultado.

En la tradición védica hay un dicho que reza: “Una vez que inicias una acción, ten en cuenta que no acabas hasta que sus consecuencias se han manifestado por completo”.

Nos recuerda esta tradición que aunque en determinado momento alcances la iluminación y a partir de entonces tus acciones estén basadas en el conocimiento y no en los kleśa y, por tanto, dejen de crear nuevo karma, todavía no te vas a ver libre del creado anteriormente y que puede manifestarse ahora. Ni siquiera la iluminación te libera de las consecuencias de tus acciones pasadas.

Esto es importante recordarlo y tenerlo presente, porque a veces nos creemos que, no ya con la iluminación, sino con unos años de práctica de yoga y la transformación que sentimos que se ha producido en nosotros, hemos dejado atrás nuestras acciones pasadas; y no es así, sus consecuencias pueden manifestarse en cualquier momento, y es bueno saberlo para no frustrarnos cuando lo hagan, estar un poco como “a la espera”, para no reaccionar inadecuadamente.

Esas manifestaciones o consecuencias pueden consistir en situaciones vitales (en relación con el trabajo, o la familia…), o problemas de salud…; de repente el mundo cambia para nosotros y nos preguntamos ¿Dios mío, qué me pasa, porqué ahora que estaba tan bien…?

Cuando hablamos de acciones incluimos también los pensamientos y las palabras.

Otro punto a tener en cuenta es que cuando hablamos de acciones incluimos también los pensamientos y las palabras. Patañjali nos recuerda en más de una ocasión la fuerza de la palabra, el cuidado que hay que tener en el uso de la palabra. Y uno de sus principales valores lo veo yo en el hecho de pedir perdón: cuando te das cuenta de que has actuado movido por un kleśa o kleśa-vŗtti, pide perdón por tu error, no dejes que el malentendido o la enemistad se enquiste, como ocurre a veces en las relaciones familiares…; y si eres la persona “ofendida”, concede ese perdón que te piden, no te dejes dominar por el orgullo, por asmitā.

Tenemos que hacer como con el alimento, del que nuestro cuerpo extrae y aprovecha lo que es nutritivo y elimina lo que es residuo, desperdicio. Lo mismo tenemos que hacer con nuestras experiencias: retener de ellas lo que nos nutre, nos alimenta, nos enseña… y dejar ir todo lo demás sin dejar que nos afecte.

No voy a negar que sea difícil, en muchas ocasiones, reconocer cuándo una acción proviene de los kleśa, sobre todo porque estos tienen, como hemos visto, una vertiente subconsciente importante, aquellos aspectos que considerábamos como emociones básicas que nosotros mismos no reconocemos, o que vivimos como “naturales”. Que a veces nos las tienen que señalar desde fuera para que nos demos cuenta (si es que nos dejamos!), y respecto a las que en ocasiones es incluso conveniente acudir a una persona neutral, un profesor o un terapeuta, porque no somos capaces de verlo por nosotros mismos, o de creer lo que alguien allegado nos dice.

Y recordar que la inacción es también una acción: al elegir no actuar, estás de algún modo actuando.

Algunos significados atribuidos al uso de la palabra “janma” en este Sutra

“Janma” significa nacimiento, encarnación o generación.

– De ahí que para unos implique que esas consecuencias no-vistas de tus acciones, pueden no solo afectarte a ti, puede que lo hagan a futuras generaciones, a tus hijos o a tus nietos. Y esto debe ser objeto de reflexión en este mundo en que colectivamente estamos absolutamente regidos por los kleśa, lo que se manifiesta en la forma en que tratamos al planeta: ¿qué estamos creando para futuras generaciones?. Ser conscientes de que no somos individuos independientes, de que dependemos unos de otros.

– Otros autores lo interpretan en relación con la teoría de la reencarnación, como una referencia al karma procedente de vidas pasadas, o que se manifestará en vidas futuras.

Realmente este es uno de los sutras donde más clara puede verse esa idea en Patañjali, ya que nos está diciendo que el karma creado mediante las acciones derivadas o fundadas en los kleśa se almacena y se podrá manifestar en esta vida o en las futuras.

Según esto, se habla de una clasificación del karma en las siguientes categorías:

– SANCITA KARMA: es el total karma acumulado por una persona -un purusa- y todavía no cancelado;

– PRARABDHA KARMA: es el karma maduro, que está dando sus frutos en la actualidad; o la porción de karma asignado a un ego al comienzo de su vida para que lo agote, lo queme.

– KRIYAMANA KARMA: es el karma que uno está creando en su presente vida terrena; y que, según el Sutra que hoy hemos visto, puede mostrar sus consecuencias en la misma o quedar en el karmāśayo para fructificar en vidas futuras.

En cualquier caso, hay que dejar claro que karma no es premio ni castigo, pues carece de trasfondo ético; pero expresa que lo afín tiende a reunirse naturalmente, por atracción recíproca. Y que no podemos entenderlo en su totalidad si obviamos que los hindúes lo toman como contrapartida de otro concepto, que es el de liberación. La liberación no se consigue mientras no hayamos consumido todo el karma procedente de nuestras acciones, presentes y pasadas. Hasta entonces, nos mantendremos en el “samsara”, en la rueda de muertes y nacimientos.

Como nos dicen los autores, el espíritu no puede ser feliz y avanzar en su evolución espiritual sin haberse enfrentado y haber resuelto aquellas circunstancias y actos que realizó contra las leyes universales y los demás seres de la creación.

Mientras lo conseguimos, lo importante es detener la creación de nuevo karma. ¿Cómo?: trabajando en los kleśa desde que los vemos apuntar, cuidando lo que pensamos, hablamos, hacemos…, y aflojándolos mediante la meditación. Recordando que “la siembra es libre, la cosecha es obligatoria”.

Publicado por Fátima Longo

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