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Tiempo de paciencia

TIEMPOS DE PACIENCIA

Durante los últimos, bastantes meses, he tenido que trabajar mucho la paciencia. Se han ido sucediendo en mi vida y en mi entorno una serie de situaciones, que sé que no siempre he gestionado bien, y que ante el consabido “hay que tener paciencia”, me han hecho reflexionar sobre el significado profundo de esta virtud, más allá, o dentro del “saber esperar”.
Y ahora, en esta tan anómala situación en la que todos nos hallamos “a la espera”, se me ha ocurrido que puede ser útil plasmar y compartir mis reflexiones.

Diferentes aspectos de la paciencia

Un aspecto de la paciencia experimentado y vivido en los tiempos que comento es, desde luego, el de aceptar lo inevitable. En estos tiempos y esta sociedad de la prisa y el “para YA”, normalmente no se nos enseña que, muchas veces, las cosas no acontecen tal y como nosotros queremos; ni somos conscientes de que, por mucho que nos esforcemos en algo, no tenemos la seguridad de que vaya a suceder aquello que estamos esperando, y cuando queremos que suceda. Y cuando esto ocurre, cuando las cosas no van como queremos, surgen la frustración y la desesperación porque no podemos cambiar o conseguir cosas tan rápido o de la manera que creemos que “deberíamos” o que “merecemos”. En este aspecto encuentro que la “aceptación” es el estado causal (reconocer la realidad), y la paciencia el estado resultante. Al final, es como una especie de sabiduría que, como no puede ser de otra forma, requiere reducir el ego, hacerlo “poroso”, reconocer que la voluntad es de poca importancia y que quejarse no sirve de nada… Solo así podemos responder a lo que está pasando en lugar de responder a nuestras ideas o conceptos sobre lo que “debería estar pasando”.

“La paciencia es la aceptación calmada de que las cosas pueden ocurrir en un orden o a un ritmo diferente a los que tenías en mente”.

Lo malo es cuando achacamos ese devenir no querido de las cosas a otra/s persona/s, porque entonces la impaciencia fácilmente se convierte en ira. El “otro” es sin duda un “agresor” que, en nuestra mente, de una manera u otra, va a por nosotros, nos amenaza en la consecución de aquello que queremos, que esperamos (sea obtener algo o evitar lo otro). Y sea que esa ira se quede dentro o explote hacia fuera, lo cierto es que nos roba la paz. Aquí, a la aceptación de la situación hay que añadir algo más, tenemos que tratar de disminuir nuestra reactividad, tanto interna como externa.

Para ello tenemos que empezar por librarnos del miedo, que está en la raíz de todo, de la frustración de que hablaba antes y de la ira que brota ahora. Miedo derivado de los apegos implícitos en ese querer las cosas ya y de determinada manera. La lesión o la amenaza de lesión respecto al objeto de nuestro apego es lo que provoca la ira, así que la primera medida será disminuir nuestros apegos. La paciencia, en este sentido, es un signo de la lucha y, en su momento, la maestría, sobre los estados aflictivos, sobre los kleśā.

Y para disminuir nuestra reactividad tenemos también que incrementar nuestro altruismo, nuestro amor, verdadero antídoto de la ira. Se dice que mostrar tolerancia es tener paciencia hacia las personas. Yo iría más allá: no basta la tolerancia, que entiendo se balancea sobre un hilo muy fino, hay que conseguir la compasión (puedes ver este camino en mi anterior post “De la intolerancia a la compasión”). Y para conseguir ese “ponerse en el lugar del otro” tenemos que empezar por ser pacientes con nosotros mismos, porque la verdad es que somos expertos en la autocrítica, siempre diciéndonos cómo “deberíamos ser”, cómo “deberíamos sentirnos”, etc… sin saber muchas veces ni de dónde salen esos imperativos. En ese estado ¿cómo podrías sentir compasión y ser paciente con el otro? Solo cuando consigues amarte a ti mismo puedes considerar que los demás son como tu; que hay mucha ignorancia, pero muy poquita maldad. Y te das cuenta de que la persona amorosa no se siente tan amenazada. Y consigues dominar la ira, tener paciencia.

“La paciencia es una virtud y la estoy aprendiendo. Es una dura lección”.- Elon Musk

Y tener paciencia es muy importante en el ámbito de la práctica espiritual. En este ámbito la paciencia, estar en paz con lo que ocurre, es previo no solo al disfrute de ānanda, sino incluso a poder meditar. Dice el dicho que no se puede enhebrar la aguja cabalgando en un toro salvaje. ¿Cómo vas a poder meditar si estás movido por la frustración y la ira?.

La paciencia en relación con la práctica, con la meditación, tiene además otra vertiente, que es la de tolerar -ahora en el sentido de aguantar, de no dejarse vencer por- las dificultades y “retrasos” en el desarrollo espiritual. No abandonar cuando llegas a esa fase en la que al agrado inicial de sentirte relajado, a gusto contigo mismo, sucede la de aburrimiento – siempre igual, nunca pasa nada; solo consigo que se me duerman las piernas y aún me pongo más nervioso…-; – o la de miedo -no quiero enfrentarme a mis sombras!-. En ese punto hay que no ceder a nuestro autosabotaje, a nuestras excusas (que justificamos de manera tan convincente!) y tratar de descubrir en esa fase un tipo de gozo muy sutil que deriva de la madurez, del discernimiento, de esa otra dimensión de la consciencia que llega a conectar con el futuro yo, con el yo de dentro de 10 años.

Y esta es la paciencia en el camino espiritual, la tolerancia del presente a favor del futuro, apoyada en śraddhā, la fe o confianza en la práctica. Cultivando nuestra autoestima verdadera, como opuesta y que disminuye el orgullo. Sin enfatizar lo que ya hemos superado (porque, seguramente, nuestro punto flaco sea otro: si nos permitimos alabar este logro es porque el ego no se siente amenazado). Y reconociendo nuestra ignorancia, y que estamos afectados por los kleśā o aflicciones, y que necesitamos las enseñanzas de las escrituras y los maestros y el apoyo y respaldo de la sangha.

Dicen que la paciencia implica sufrimiento (como palabra derivada de la raíz latina “pati” que significa sufrir). Pero yo te diría que no, que cuando la trabajas, cuando la consigues, lo que haces es alejarte del sufrimiento y estar en paz con el proceso de la vida.

“El que es paciente muestra gran discernimiento;
mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad”
Proverbios 14:29

Fátima, 10/4/20

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