Pocas palabras han generado tanta confusión como māyā.
A menudo se traduce como “ilusión”, lo que lleva a interpretaciones simplistas como:
“el mundo no existe”
“todo es falso”
Pero esta no es la enseñanza original.
Para comprender māyā, es necesario afinar la mirada.
¿Qué es māyā?
En la tradición de la no-dualidad (Advaita Vedānta), māyā no significa que el mundo sea inexistente, no niega la realidad.
Más bien señala algo más sutil:
la forma en que percibimos el mundo no refleja completamente lo que es, no refleja su naturaleza última
Es decir:
– hay experiencia real
-pero la interpretación que hacemos de ella es parcial
Māyā no es una “cosa”, ni una ilusión en el sentido de algo inexistente. Es un modo de ver.
Māyā se refiere a la apariencia de la realidad tal como es percibida, y a la interpretación que construye la mente.
Comprender esto no es solo una cuestión filosófica. Puede cambiar profundamente cómo te relacionas con la experiencia.
El error de traducirlo como “ilusión”
Cuando pensamos en ilusión, imaginamos algo como un sueño o un engaño, como algo “falso”.
Pero māyā es más sutil: no niega la experiencia. Niega la forma en que la interpretamos como algo separado, fijo e independiente.
Porque esa interpretación genera la distorsión.
Cómo opera māyā
Māyā es un proceso (llamado nāma-rūpa, nombre y forma), que se manifiesta a través de la mente, que:
- divide la realidad en partes
- asigna nombres y formas (nāma-rūpa)
- crea la sensación de separación
Ello hace que la realidad aparezca fragmentada.
Un ejemplo clásico
Imagina ver una cuerda en la oscuridad y pensar que es una serpiente.
- la percepción es real
- el objeto también existe
- pero la interpretación es errónea
Māyā funciona de forma similar:
no niega lo que ves
cuestiona cómo lo interpretas
Relación con la no-dualidad
Como explicamos en el artículo sobre qué es la no-dualidad, la separación que percibimos no es absoluta.
Māyā es precisamente ese velo interpretativo que:
- hace que lo uno parezca múltiple
- hace que lo continuo parezca fragmentado
También conecta con la enseñanza de “tat tvam asi”, donde se señala que esa realidad no está separada de ti.
¿Entonces, el mundo es real o no?
La respuesta tradicional es sutil:
- es real a nivel relativo
- no es absoluto a nivel último
Esto permite hablar de dos formas de entender la realidad,, o dos niveles de realidad:
1. Nivel relativo: El mundo tal como lo vivimos (relaciones, objetos, experiencias). Lo llamamos “realidad convencional”.
2. Nivel último: La realidad en sí misma, no fragmentada, la “realidad última”.
Lectura filosófica
Desde una perspectiva más profunda, māyā introduce una distinción entre:
- apariencia
- realidad
Pero no como oposición absoluta, más bien como distintos grados de comprensión.
Esto evita dos extremos:
. pensar que todo es absolutamente real tal como aparece
. pensar que todo es completamente irreal
Aplicación en la vida diaria
Comprender māyā no es un mero ejercicio intelectual, puede tener efectos muy concretos:
1. Reduce la rigidez mental
No todo es tan sólido como parece.
2. Disminuye el apego
Si lo que percibes no es absoluto, puedes soltar más fácilmente.
3. Aporta perspectiva
Permite ver sin dar por definitiva la primera interpretación y, por tanto, sin reaccionar automáticamente.
Una comprensión importante es la de que Māyā no es algo que tengas que “eliminar”. No es un enemigo.
No es más que la forma en que aparece la realidad cuando no se reconoce su naturaleza profunda.
Conclusión
Māyā no significa que el mundo sea falso. Significa que lo vemos de forma incompleta.
La enseñanza no invita a rechazar lo que aparece, sino a mirar más profundamente.
Tal vez la pregunta no sea si el mundo es real o no, sino: ¿estamos viendo realmente lo que es?
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