Hay realidades que podemos describir con palabras.
Podemos decir cómo es un objeto, explicar una idea o definir un concepto. Pero ¿qué ocurre cuando intentamos hablar de aquello que trasciende cualquier experiencia limitada?
Las tradiciones contemplativas de Oriente y Occidente se han encontrado una y otra vez ante este problema.
Las Upaniṣads lo expresan de una forma especialmente radical mediante dos palabras sánscritas:
neti neti: «no esto, no esto».
La tradición cristiana desarrollará, desde presupuestos diferentes, lo que conocemos como teología negativa o vía apofática: aproximarse al misterio de Dios reconociendo que ninguna de nuestras afirmaciones puede abarcarlo por completo.
No dicen lo mismo. Pero entre ambas intuiciones existe un diálogo extraordinariamente fecundo.
Neti neti: «no esto, no esto»
La expresión aparece de manera especialmente significativa en la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad.
Cuando el texto intenta aproximarse a Brahman, llega un momento en que cualquier descripción resulta insuficiente:
«Neti neti»: no esto, no esto.
(Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad 2.3.6)
No significa que Brahman no exista, ni que la realidad sea una especie de vacío o una nada absoluta.
La negación cumple otra función: impedir que identifiquemos la realidad última con cualquiera de las formas limitadas mediante las que intentamos comprenderla.
Esto no. Pero tampoco esto otro.
Cada vez que la mente intenta encerrar lo absoluto dentro de una definición, neti neti vuelve a abrir el espacio.
Negar no significa destruir
Cuando las Upaniṣads niegan que Brahman pueda identificarse plenamente con aquello que percibimos o pensamos, no están negando necesariamente la realidad de cuanto experimentamos.
Están cuestionando nuestra pretensión de convertir una manifestación limitada en una definición de lo ilimitado.
Por eso resulta especialmente significativo que el mismo pasaje de la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad que proclama neti neti no termine en la negación. Inmediatamente después utiliza una expresión de máxima positividad:
satyasya satyam: «la verdad de la verdad»
La negación, por tanto, no desemboca simplemente en la nada. Nos conduce hasta el límite de aquello que el lenguaje puede delimitar.
Cuando las palabras dejan de ser suficientes
En nuestra vida cotidiana necesitamos nombres y conceptos. Es lo que nos permite comprender, ordenar y comunicar nuestra experiencia.
El problema empieza cuando confundimos nuestras palabras acerca de la realidad con la realidad misma.
Podemos hablar de Brahman, estudiar las Upaniṣads, elaborar sistemas filosóficos extraordinariamente sofisticados… pero ninguna palabra puede contener aquello hacia lo que apunta.
Neti neti introduce entonces una especie de humildad en el conocimiento. Nos recuerda que saber nombrar algo no significa necesariamente haberlo comprendido en toda su profundidad.
La vía negativa en Occidente
La tradición cristiana se encontró también ante una dificultad semejante: ¿cómo hablar de un Dios que, por definición, trasciende todo cuanto conocemos?
Una de sus respuestas fue la teología negativa o apofática.
En lugar de afirmar únicamente lo que Dios es, esta vía reconoce también todo aquello que nuestras palabras no pueden decir adecuadamente sobre Él.
Autores como Pseudo-Dionisio Areopagita, y posteriormente distintas corrientes de la mística cristiana insistieron en que nuestras afirmaciones acerca de Dios necesitan ser trascendidas para no convertir nuestros conceptos en el propio Dios.
No porque Dios sea una nada, sino porque ninguna categoría humana puede contenerlo.
Neti neti y teología negativa: un diálogo, no una equivalencia
La semejanza resulta evidente.
Pero no vamos a pretender que ambas tradiciones están diciendo exactamente lo mismo.
Neti neti pertenece al universo de las Upaniṣads y será interpretado posteriormente de distintas maneras dentro de las escuelas del Vedānta.
La teología negativa nace dentro de una tradición teísta cristiana en la que permanece la relación entre la persona y Dios.
Sus contextos filosóficos y teológicos son distintos.
Sin embargo, ambas tradiciones parecen compartir una advertencia profundamente valiosa:
la realidad última siempre es mayor que nuestras ideas acerca de ella.
Y precisamente ahí puede comenzar el diálogo.
No necesitamos borrar las diferencias para reconocer una intuición compartida: hay un momento en el camino contemplativo en que las palabras deben reconocer sus propios límites.
Después de La nube del no saber
En una entrada anterior hablábamos de La nube del no saber, aquella extraordinaria obra de la contemplación cristiana que afirmaba que Dios puede ser amado, pero no encerrado en el pensamiento.
Ahora podemos comprender mejor por qué aquella enseñanza resonaba tan profundamente con algunas intuiciones de las Upaniṣads.
No porque ambas tradiciones conciban de la misma manera a Dios, Brahman o la relación del ser humano con la realidad última, sino porque ambas descubren que pensar sobre lo absoluto no equivale a conocerlo.
En un caso aparece la nube.
En el otro, neti neti.
Dos imágenes distintas para recordarnos que el pensamiento puede conducirnos muy lejos, pero llega un momento en que debe reconocer aquello que no puede abarcar.
Una enseñanza también para nuestra vida
Quizá neti neti pueda enseñarnos algo incluso antes de plantearnos las grandes cuestiones metafísicas.
También nosotros vivimos rodeados de definiciones.
«Yo soy así.» «Esta persona es de esta manera.» «Esto es un éxito.» «Aquello es un fracaso.»
Construimos conceptos y, casi sin darnos cuenta, terminamos viviendo dentro de ellos.
La mirada contemplativa introduce una pequeña grieta en esas certezas.
¿Es realmente solo esto?
¿Puedo reducir una persona, una experiencia o incluso mi propia identidad a la definición que he construido?
En ese sentido, neti neti puede convertirse también en una invitación a mirar con mayor profundidad.
No para negar nuestra experiencia, sino para dejar de confundirla con toda la realidad.
El silencio que queda después de las palabras
Las Upaniṣads utilizan palabras para conducirnos hasta el lugar en que las palabras ya no bastan.
Tal vez ahí resida una de sus grandes paradojas.
Nos hablan, razonan, preguntan, responden, utilizan imágenes y metáforas.
Y, finalmente, nos recuerdan: neti neti.
No esto. No solamente esto.
La realidad siempre desborda aquello que podemos pensar acerca de ella.
Quizá el silencio contemplativo no comience cuando ya no tenemos nada que decir, sino cuando comprendemos que ninguna de nuestras palabras puede decirlo todo.
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