Todos sufrimos.

Antes o después llegan la enfermedad, la pérdida, la incertidumbre, el miedo, el fracaso o la despedida de alguien a quien amamos.

Ninguna filosofía seria puede ignorar esa realidad.

Tampoco lo hacen las Upaniṣads.

Sin embargo, su mirada no va únicamente hacia por qué sufrimos, sino también hacia desde dónde vivimos ese sufrimiento.

Y quizá ahí se encuentre una de las aportaciones más profundas de la no-dualidad.

El dolor forma parte de la vida

Las Upaniṣads no prometen una existencia libre de dificultades. El cuerpo envejece, las relaciones cambian, los proyectos no siempre salen como esperamos.

La vida está hecha de transformaciones constantes, y muchas de ellas duelen. Negarlo sería alejarnos de la realidad.

La no-dualidad no nos invita a fingir que el dolor no existe. Nos invita a dejar de añadir un sufrimiento innecesario al dolor inevitable.

Cuando el dolor se convierte en sufrimiento

Imaginemos una pérdida.

El dolor aparece de forma natural. Es la expresión del amor, del vínculo, de la importancia que esa persona o esa situación tenían para nosotros.

Pero junto al dolor suele surgir algo más.

Nos repetimos una y otra vez que aquello no debería haber ocurrido. Nos resistimos a aceptar lo que ya ha sucedido. Tememos que nuestra vida no vuelva a tener sentido.

Construimos una historia alrededor del acontecimiento. Y esa historia puede llegar a pesar tanto como el propio dolor.

Las Upaniṣads dirigen precisamente su atención hacia ese proceso de identificación.

No porque quieran minimizar nuestro dolor, sino porque desean mostrarnos un espacio interior desde el que podamos vivirlo de otra manera.

¿Por qué sufrimos? La respuesta de Patañjali

Aunque el Yoga clásico de Patañjali y el Vedānta pertenecen a tradiciones filosóficas distintas y ofrecen explicaciones diferentes acerca de la realidad última, ambos se preguntan con enorme profundidad por el origen del sufrimiento humano.

En los Yoga Sūtra, Patañjali explica que el sufrimiento nace de los kleśa, las causas profundas que condicionan nuestra experiencia. La primera de ellas es avidyā, el desconocimiento de nuestra verdadera condición; de ella surgen la identificación con el yo (asmitā), el apego (rāga), el rechazo (dveṣa) y el miedo a la propia desaparición (abhiniveśa).

Aunque el Yoga no formula estas enseñanzas desde una perspectiva no-dual, resulta interesante observar cómo también sitúa el origen del sufrimiento no tanto en los acontecimientos externos como en la forma en que nuestra mente se relaciona con ellos.

Ambos caminos, cada uno desde su propia visión filosófica, invitan al practicante a un proceso de discernimiento y de libertad interior.

No somos únicamente aquello que nos ocurre

A lo largo de esta serie hemos visto que las Upaniṣads nos invitan constantemente a mirar más allá de aquello que cambia.

No porque el mundo carezca de valor, sino porque nuestra identidad más profunda no depende exclusivamente de él.

También ocurre con el sufrimiento.

Podemos sentir tristeza sin convertirnos únicamente en nuestra tristeza; o experimentar miedo sin reducir toda nuestra identidad al miedo; y atravesar una pérdida sin pensar que nuestra vida ha quedado definitivamente definida por ella.

La no-dualidad no niega ninguna de estas experiencias.

Simplemente nos recuerda que ninguna de ellas agota lo que somos.

Una presencia que permanece

Hay momentos en los que el sufrimiento parece ocuparlo todo.

Y, sin embargo, incluso entonces puede aparecer una intuición muy sencilla.

La de que existe en nosotros un lugar que observa, que acompaña, que permanece.

No es indiferencia. No es distancia emocional. Es una presencia silenciosa que no desaparece aunque las circunstancias cambien.

Las Upaniṣads dirigen continuamente nuestra atención hacia esa dimensión profunda del ser.

No para alejarnos de la vida, sino para permitirnos vivirla con una libertad que no depende por completo de las circunstancias.

¿Significa esto resignarse?

En absoluto.

Aceptar no significa aprobar. Tampoco significa dejar de actuar.

Cuando podemos mirar el sufrimiento sin identificarnos completamente con él, surge una forma distinta de responder.

Quizá seguimos intentando curar una enfermedad, trabajando para resolver un conflicto. o llorando una pérdida.

Pero dejamos de hacerlo desde la desesperación de quien cree que todo su ser ha quedado reducido a esa situación.

La acción nace entonces de la lucidez, no del miedo.

Una enseñanza profundamente humana

A veces se presenta la no-dualidad como una invitación a elevarse por encima de las emociones.

Las Upaniṣads -como los Yoga Sūtra– apuntan en esa dirección.

Nos invitan a comprenderlas, a atravesarlas y a reconocer que ninguna de ellas puede definir por completo quiénes somos.

No nos hacen menos humanos.

Quizá nos ayudan, precisamente, a serlo de una manera más plena.

Porque el sufrimiento deja de convertirse en una prisión y puede transformarse, poco a poco, en un camino de conocimiento, de compasión y de apertura.

Una invitación para la vida cotidiana

Todos conocemos momentos en los que el dolor parece ocupar el centro de nuestra existencia.

Las Upaniṣads no ofrecen fórmulas para evitarlo. Nos ofrecen algo más humilde y, quizá por ello, más profundo:

Nos recuerdan que incluso en medio del sufrimiento permanece intacta una dimensión de nosotros mismos que ninguna pérdida puede destruir.

Descubrir esa presencia no hace desaparecer el dolor.

Pero sí puede transformar profundamente nuestra manera de vivirlo.

Y, tal vez, ahí comience una paz que no depende de que la vida deje de cambiar, sino de reconocer que nuestra verdadera identidad es más amplia que cualquier experiencia que podamos atravesar.

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