En el artículo anterior vimos que la respiración influye profundamente en nuestra forma de sentir, de pensar y de relacionarnos con el mundo.
Pero comprender esa relación es solo el comienzo.
Surge entonces una pregunta más importante:
Si el pranayama puede modificar nuestros estados internos, ¿cómo sabemos qué práctica necesita cada momento?
La respuesta comienza, curiosamente, antes de respirar.
Comienza aprendiendo a observar.
No todos los días somos la misma persona
Hay mañanas en las que despertamos llenos de energía.
Otras veces nos sentimos pesados, dispersos o faltos de claridad.
Algunas jornadas transcurren con serenidad.
En otras, la inquietud parece acompañarnos desde el primer momento.
Sin embargo, muchas personas practican siempre del mismo modo.
Como si cada día fuera idéntico al anterior.
La tradición del yoga propone una actitud diferente.
No parte de la técnica.
Parte de la persona.
Y, más concretamente, del momento que esa persona está viviendo.
Antes de cambiar la respiración, escúchala
Con frecuencia pensamos que practicar Pranayama consiste en modificar la respiración.
Pero antes de modificarla conviene hacer algo mucho más sencillo: escucharla.
La respiración ya nos está hablando.
Nos habla del ritmo con el que vivimos.
De nuestro nivel de energía.
Del grado de tensión o de tranquilidad.
De la calidad de nuestra atención.
Si aprendemos a escucharla, deja de ser únicamente una función del cuerpo.
Se convierte en una maestra silenciosa.
La primera práctica es el discernimiento
En muchas tradiciones del yoga existe una idea que merece ser recuperada:
no toda práctica es adecuada para cualquier persona ni para cualquier momento.
Eso no significa que debamos analizar constantemente lo que nos ocurre.
Significa aprender a reconocer algunas cualidades básicas de nuestra experiencia.
Por ejemplo:
- ¿Predomina la agitación o la calma?
- ¿Me siento con energía o con pesadez?
- ¿Estoy disperso o centrado?
- ¿Necesito activarme o, por el contrario, aprender a soltar?
Responder honestamente a estas preguntas transforma la práctica.
Porque dejamos de utilizar las técnicas de forma automática.
Y empezamos a elegirlas con mayor inteligencia.
Pranayama no consiste únicamente en aprender técnicas respiratorias.
Consiste en la capacidad de observar, comprender y responder.
Antes de intervenir, observamos.
Antes de modificar la respiración, escuchamos.
Cultivar cualidades, no perseguir resultados
A menudo pensamos en términos de objetivos: quiero relajarme, quiero concentrarme, quiero dormir mejor…
Sin embargo, el Pranayama propone otra mirada.
No busca imponer un estado determinado.
Busca cultivar las condiciones que favorecen su aparición.
No siempre podremos decidir cómo nos sentimos.
Pero sí podemos aprender a orientar la práctica hacia el cultivo de cualidades como:
- estabilidad
- claridad
- recogimiento
- equilibrio
- presencia
Con el tiempo, esas cualidades comienzan a impregnar también nuestra vida cotidiana.
Explora por ti mismo (3 minutos)
Antes de comenzar cualquier práctica, regálate tres minutos de observación.
No intentes cambiar nada.
Simplemente pregúntate:
- ¿Cómo es hoy mi respiración?
- ¿Dónde percibo más tensión?
- ¿Cómo está mi nivel de energía?
- ¿Cómo describiría mi atención en este momento?
No busques respuestas perfectas.
Basta con reconocer honestamente lo que encuentras.
Quizá descubras que esa observación ya forma parte de la práctica. Porque la práctica de Pranayama cobra todo su sentido cuando aprendemos a reconocer esas diferencias.
Señales de que el discernimiento está creciendo
- Dejas de practicar siempre igual.
- Comienzas a reconocer patrones en tu respiración.
- Percibes con más claridad cómo cambian tus estados internos.
- La práctica deja de ser una rutina y se convierte en un diálogo.
Errores comunes
- Pensar que existe una técnica válida para todas las situaciones.
- Elegir una práctica por costumbre y no por necesidad.
- Confundir observar con juzgar.
- Buscar un diagnóstico en lugar de desarrollar sensibilidad.
Lo que viene ahora
Una vez aprendemos a observar, aparece una nueva posibilidad: adaptar la práctica.
Porque toda adaptación debe comenzar por una observación honesta.
Comenzaremos por una situación muy frecuente.
Esos momentos en los que la mente parece incapaz de detenerse y la atención salta de un pensamiento a otro.
¿Qué cualidades respiratorias pueden ayudarnos entonces?
Ese será el tema del próximo artículo. Exploraremos cómo determinadas cualidades respiratorias pueden ayudarnos a recuperar calma, espacio y claridad cuando predomina la agitación.
Porque la respiración no siempre necesita ser cambiada.
A veces, antes que nada, necesita ser escuchada, para poder responder con más inteligencia a lo que cada momento nos pide.
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