¿Podemos relacionarnos con la realidad última? ¿Podemos amarla, dirigirnos a ella, confiar en ella? ¿O cualquier forma personal de hablar de Dios pertenece necesariamente a un nivel inferior de comprensión?

Estas preguntas aparecen inevitablemente cuando nos acercamos a las Upaniṣads. Sus textos hablan de una realidad que trasciende nuestras categorías y, al mismo tiempo, utilizan también un lenguaje que permite reconocer en ella inteligencia, origen, fundamento y presencia.

De esa riqueza surgirán posteriormente diferentes interpretaciones dentro del Vedānta.

Y no todas responderán de la misma manera.

Después de neti neti

En nuestra entrada anterior hablábamos de una de las expresiones más conocidas de la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad:

neti neti: «no esto, no esto».

Veíamos entonces que la negación no significa que Brahman sea una nada, sino que ninguna descripción limitada puede contener la realidad última.

Pero, si no podemos reducir Brahman a ninguno de nuestros conceptos, ¿qué significa hablar de Dios como alguien que conoce, ama, crea o sostiene el universo?

¿Son estas afirmaciones simplemente provisionales? ¿O expresan algo verdadero acerca de la realidad última?

Aquí comienzan algunas de las grandes diferencias entre las escuelas del Vedānta.

Brahman: una realidad, distintas interpretaciones

Las Upaniṣads constituyen uno de los fundamentos del Vedānta, pero no ofrecen un sistema filosófico único y cerrado.

Sus enseñanzas fueron interpretadas y sistematizadas posteriormente de distintas maneras.

Entre esas interpretaciones encontramos el Advaita Vedānta, asociado especialmente a Śaṅkara; el Viśiṣṭādvaita, desarrollado por Rāmānuja; y el Dvaita, formulado por Madhva.

Las tres tradiciones reconocen la autoridad de las Upaniṣads, pero no entienden y no formulan de la misma manera la relación entre Brahman, el mundo y los seres individuales.

Por eso conviene ser prudentes cuando afirmamos simplemente: «Las Upaniṣads dicen que…». A veces estamos hablando, en realidad, de la interpretación que una determinada escuela ha hecho de ellas.

La respuesta del Advaita

En el Advaita Vedānta de Śaṅkara, podemos distinguir entre dos maneras de considerar la única realidad de Brahman: nirguṇa Brahman y saguṇa Brahman.

Cuando se habla de nirguṇa Brahman, se hace referencia a Brahman en sentido último: la realidad absoluta, no limitada por atributos, cualidades o determinaciones. Desde esta perspectiva, Brahman no puede ser comprendido como un ser frente a otros seres ni como un objeto situado ante un sujeto que lo conoce.

Cuando esa misma realidad es considerada en relación con el universo —como su causa, señor y ordenador— se habla de saguṇa Brahman, Brahman con atributos, o de Īśvara. Es esta dimensión de lo divino la que permite la relación religiosa: Īśvara puede ser objeto de devoción, oración y entrega.

Para el Advaita, esta relación posee verdadero valor en el camino espiritual, pero no constituye la comprensión última de Brahman. La liberación culmina en el conocimiento de la no diferencia entre Ātman y Brahman: el reconocimiento de que, en el nivel último, no permanecen separados un sujeto que conoce y una realidad divina conocida como algo distinto de él.

De forma que puede decirse que la relación entre el ser individual y Dios corresponde a una perspectiva que el conocimiento último acaba trascendiendo. El conocimiento liberador conduce finalmente más allá de la dualidad entre quien se dirige a Dios y Dios como objeto de esa relación

La respuesta del Viśiṣṭādvaita

Rāmānuja leerá las mismas Upaniṣads de otra manera, y discrepará precisamente de esta interpretación de Brahman y del significado de nirguṇa..

Para el Viśiṣṭādvaita, afirmar que Brahman es nirguṇa no significa que carezca de cualidades. Significa que está libre de cualidades limitantes o imperfectas.

La realidad última posee infinitas cualidades auspiciosas y puede ser conocida y amada como Nārāyaṇa.

El mundo y los seres individuales son reales y dependen completamente de Brahman. Rāmānuja expresa esta relación mediante una imagen especialmente poderosa: el mundo y los seres constituyen el cuerpo de Brahman, mientras que Brahman —Nārāyaṇa— es su principio interior, fundamento y sostén.

La imagen no pretende afirmar que los seres individuales sean simplemente idénticos a Brahman. Expresa una relación de unidad y dependencia: del mismo modo que el cuerpo existe sostenido y animado por aquello que lo habita, toda la realidad existe en dependencia de Brahman.

La unidad, por tanto, no elimina la diferencia.

Todo pertenece a Brahman, todo depende de Brahman y todo existe en Brahman, sin dejar por ello de ser real.

Por eso la liberación tampoco significa la desaparición de toda diferencia. El ser individual permanece en relación con la realidad divina, y esa relación puede expresarse como conocimiento, amor, servicio y entrega.

Aquí bhakti, la devoción, y prapatti, la entrega confiada, adquieren una importancia fundamental.

La realidad absoluta no deja de ser absoluta por poder ser amada.

Precisamente porque es real, puede establecerse con ella una relación real.

La respuesta del Dvaita

El Dvaita Vedānta de Madhva ofrece una tercera interpretación claramente diferenciada.

Para esta tradición, la distinción entre la realidad divina, los seres individuales y el mundo es real y permanente. Brahman, identificado con Viṣṇu, es la realidad suprema e independiente, mientras que las almas y el mundo poseen una existencia real, aunque completamente dependiente de Él.

La liberación no consiste, por tanto, en descubrir una identidad entre Ātman y Brahman ni en superar finalmente toda diferencia.

El ser individual permanece distinto de Dios y alcanza la liberación mediante el conocimiento verdadero de esa relación, inseparable de la devoción y de la gracia divina.

También aquí la realidad absoluta puede ser conocida y amada, pero sin que desaparezca la diferencia entre quien ama y Aquel que es amado.

¿Y cuál de ellas dicen las Upaniṣads?

Las Upaniṣads contienen afirmaciones que las distintas escuelas han interpretado desde perspectivas diferentes.

Algunos pasajes parecen subrayar la unidad profunda de toda realidad.

Otros expresan diferencia, dependencia, interioridad o relación.

La tradición vedántica no eliminó esa diversidad, la convirtió en objeto de una reflexión filosófica extraordinariamente rica.

Śaṅkara, Rāmānuja o Madhva no ignoraban los textos que parecían contradecir sus posiciones. Precisamente una parte esencial de su tarea consistió en mostrar cómo debían comprenderse dentro de una interpretación coherente del conjunto.

Por eso quizá resulte más fecundo acercarnos a las Upaniṣads sabiendo que han generado distintas maneras de comprender la relación entre el ser humano y la realidad última.

Cuando Dios deja de caber en nuestras categorías

Quizá podamos volver ahora a neti neti con una mirada algo diferente.

Decir «no esto, no esto» no obliga necesariamente a concluir que la realidad última sea impersonal.

Puede recordarnos que ninguna de nuestras categorías —tampoco «personal» e «impersonal», entendidas desde nuestra experiencia humana— puede contenerla completamente.

Las distintas escuelas del Vedānta desarrollarán esta intuición de maneras diferentes.

Y quizá ahí resida una parte de su riqueza, porque en lugar de ofrecernos una única respuesta sencilla, nos obligan a formular mejor nuestras preguntas.

¿Qué entendemos por Dios?

¿Qué queremos decir cuando hablamos de una realidad absoluta?

¿Puede lo infinito ser también cercano?

¿Puede aquello que trasciende todo concepto ser conocido, amado y vivido?

Las respuestas no son las mismas para todas las escuelas, pero las preguntas siguen abiertas para todos nosotros.

Una realidad que transforma nuestra manera de vivir

Tal vez estas discusiones puedan parecer demasiado filosóficas. Pero sus consecuencias son profundamente prácticas.

No vivimos de la misma manera si concebimos la realidad última como algo completamente ajeno a nosotros, si descubrimos nuestra identidad profunda con ella o si comprendemos nuestra existencia como una relación de pertenencia, dependencia, amor y entrega.

Nuestra manera de comprender lo absoluto transforma también nuestra manera de comprendernos a nosotros mismos.

Por eso las distintas escuelas del Vedānta no son únicamente sistemas filosóficos, son también diferentes maneras de situarse ante la existencia.

Y no se trata de resolver inmediatamente cuál de ellas contiene la respuesta definitiva. Podemos empezar por escuchar lo que cada una intenta mostrarnos, comprender sus diferencias y permitir que sus preguntas ensanchen también nuestra propia búsqueda.

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