(sin convertirla en una teoría más)
[Quede claro que cuando en este artículo hablamos de no-dualidad, nos estamos refiriendo a las enseñanzas de las Upanisads, sea cual sea el punto de vista -Advaita, Dvaita o Visistadvaita- desde el que se contemplen]
Después de explorar las enseñanzas de las Upaniṣads, descubrir el significado de tat tvam asi o acercarnos a figuras como Meister Eckhart, suele surgir una pregunta inevitable:
¿qué cambia realmente cuando empezamos a comprender la no-dualidad?
Porque una cosa es encontrar estas ideas inspiradoras.
Otra muy distinta es vivir desde ellas.
La no-dualidad no pretende ofrecernos una nueva teoría sobre la realidad.
Tampoco busca proporcionarnos una identidad espiritual más sofisticada.
Su propuesta es más sencilla y más radical:
aprender a mirar la experiencia desde un lugar diferente.
El riesgo de convertir la no-dualidad en una idea
Existe una paradoja que aparece con frecuencia.
Leemos sobre las Upaniṣads.
Comprendemos intelectualmente conceptos como:
- Brahman
- Ātman
- māyā
- no-dualidad
Y, sin darnos cuenta, transformamos estas enseñanzas en un nuevo sistema de creencias.
La mente convierte incluso la no-dualidad en un objeto de conocimiento.
Pero las tradiciones contemplativas insisten una y otra vez en que comprender no es acumular conceptos.
Es ver.
Y esa visión comienza en la vida cotidiana.
La vida diaria como laboratorio espiritual
A menudo imaginamos que la comprensión espiritual ocurre únicamente durante la meditación, la oración o el estudio.
Sin embargo, la vida diaria es el lugar donde se pone a prueba cualquier comprensión.
Es fácil hablar de unidad cuando todo va bien.
Es más difícil recordarla:
- cuando alguien nos critica
- cuando algo no sale como esperábamos
- cuando sentimos miedo
- cuando aparece el enfado
Precisamente ahí comienza la práctica real.
Primer cambio: observar sin identificarse
Uno de los descubrimientos más importantes de las Upanisadas es que no somos únicamente aquello que aparece en nuestra mente.
Los pensamientos surgen.
Las emociones cambian.
Las opiniones evolucionan.
Sin embargo, solemos vivir completamente fusionados con ellas.
Decimos: «estoy enfadado», «soy un fracaso», «todo va mal»
Pero ¿qué ocurre cuando empezamos simplemente a observar?
La emoción sigue estando presente.
El pensamiento continúa apareciendo.
Pero ya no ocupan todo el espacio.
Surge una pequeña distancia interior.
Y en esa distancia aparece una libertad nueva.
Segundo cambio: dejar de defender constantemente una identidad
Gran parte del sufrimiento cotidiano tiene relación con una tarea agotadora: mantener una imagen de quién creemos ser.
Queremos que los demás nos vean de determinada manera.
Queremos confirmar nuestras opiniones.
Queremos proteger la historia que contamos sobre nosotros mismos.
Las Upaniṣads cuestionan precisamente esta identificación.
Y Meister Eckhart hablaba de algo parecido cuando insistía en la necesidad del desapego interior.
No porque la personalidad sea mala.
Sino porque somos más amplios que cualquier definición.
La práctica del desapego cotidiano
Cuando escuchamos la palabra «desapego», solemos imaginar una renuncia extraordinaria.
Pero quizá el desapego más importante ocurre en situaciones muy sencillas.
Por ejemplo: cuando necesitamos tener razón, cuando nos aferramos a una expectativa, cuando reaccionamos ante una crítica, cuando defendemos una imagen de nosotros mismos…
Podemos preguntarnos:
¿qué estoy intentando proteger en este momento?
A menudo descubrimos que estamos defendiendo una idea acerca de quién creemos ser.
Y ese descubrimiento ya es una forma de libertad.
Tercer cambio: una nueva relación con el sufrimiento
Las enseñanzas de las Upanisads no prometen una vida sin dificultades.
La enfermedad, la pérdida, la incertidumbre y el dolor siguen formando parte de la existencia.
Lo que cambia es la forma de relacionarnos con ellos.
Cuando nos identificamos completamente con nuestra historia personal, cada experiencia parece definirnos.
Cuando aparece una comprensión más profunda, el sufrimiento no desaparece, pero deja de ocupar todo el horizonte.
Seguimos sintiendo.
Seguimos atravesando dificultades.
Pero ya no somos únicamente eso.
Volver a la experiencia directa
Tanto las Upaniṣads como la tradición contemplativa cristiana insisten en algo esencial:
la realidad se descubre en la experiencia inmediata.
Por eso una práctica sencilla consiste en detenerse varias veces al día y preguntarse:
¿qué está ocurriendo ahora mismo?
No ¿qué pienso sobre esto?, ¿qué debería pasar?, o ¿qué significa para mí?
Sino simplemente:
¿qué está ocurriendo?
Esta pregunta nos devuelve al presente.
Y el presente suele ser mucho más amplio que las historias que construimos sobre él.
¿Y qué hacemos con el ego?
A menudo se habla de «eliminar el ego» o «trascender el ego».
Pero esta forma de expresarlo puede resultar engañosa.
El ego tiene una función práctica, nos permite desenvolvernos en el mundo.
El problema aparece cuando olvidamos que es una herramienta y lo convertimos en nuestra identidad completa.
Por eso la cuestión no es destruirlo.
Es comprenderlo.
Y dejar de vivir exclusivamente desde él.
Una transformación gradual
La comprensión profunda rara vez llega de manera espectacular.
Con frecuencia se manifiesta en cambios muy discretos.
Poco a poco:
- reaccionamos menos automáticamente
- necesitamos menos reconocimiento externo
- vivimos con mayor apertura
- nos aferramos menos a nuestras historias
No porque hayamos añadido algo nuevo a nuestra vida.
Sino porque empezamos a descansar en algo que siempre estuvo presente.
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Conclusión
La no-dualidad no consiste en adoptar una filosofía diferente.
Tampoco en repetir conceptos espirituales sofisticados.
Consiste, poco a poco, en dejar de confundirnos con todo aquello que cambia.
Quizá la verdadera pregunta no sea cómo aplicar la no-dualidad.
Quizá sea esta:
¿qué ocurre cuando dejamos de vivir exclusivamente desde la historia que contamos sobre nosotros mismos?
